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EL BYPASS ESPIRITUAL


El término de bypass espiritual fue creado por el psicólogo John Welwood en 1984 y se refiere a todas esas prácticas y creencias que nos permiten evitar el enfrentar nuestros sentimientos dolorosos, heridas no sanadas, y necesidades más profundas. Es algo mucho más común de lo que creemos y tiene que ver con nuestra tendencia a no querer mirar, enfrentar y trabajar con nuestro dolor ya sea individual o colectivo. Preferimos soluciones que nos adormezcan para no sentir el dolor, sin importar las consecuencias y el sufrimiento que esas soluciones conlleven.

Esta forma de espiritualidad se ha infiltrado profundamente en nuestra cultura y se ajusta casi a la perfección a nuestros hábitos de darle la vuelta a todo aquello que nos duele, como una especie de analgésico “superior” sin efectos secundarios. Es una estrategia espiritual que sirve no solo para evitar el dolor, sino también para legitimizar esa evasión. Sus formas varían entre lo descaradamente obvio a lo muy sutil.

El bypass espiritual es una sombra constante en la espiritualidad que se manifiesta de muchas maneras, a menudo sin que nos demos cuenta.

Puede manifestarse como un desapego exagerado, un adormecimiento o represión emocional, un énfasis exagerado solo en lo positivo, una fobia al enojo, una ceguera o un exceso de tolerancia a la compasión, un perdonar prematuramente, un poner limites débiles.

Asimismo también en un juicio muy debilitado acerca de nuestra propia negatividad y nuestra “sombra” y el engañarnos fácilmente de que hemos alcanzado niveles superiores de conciencia.

El interés explosivo en todo lo spiritual desde mediados de los 60s, especialmente en la espiritualidad oriental, ha sido acompañado al mismo tiempo por un correspondiente interés en el bypass espiritual, aunque no lo llamemos de esa manera y mucho menos lo veamos de esa manera.

En el mundo de la “comida rápida” espiritual, un ejemplo de este bypass espiritual es el caprichoso fenómeno de “El Secreto.”

Algunos de estos temas “fáciles” son solo sabidurías recalentadas, y frases como : “No lo tomes personal”, “Lo que te molesta del otro en realidad solo tiene que ver contigo”, “todo es solamente una ilusión” etc., son usadas por cualquier persona, dichas a la ligera y repetidas como perico.

Pero parece que la luna de miel con la falsa espiritualidad está llegando a su fin. Ya se han reventado demasiadas burbujas, demasiados maestros espirituales en oriente y occidente han sido atrapados con sus halos de luz abajo y sus pantalones también. Demasiados cultos han ido y venido, se ha gastado demasiado tiempo adornos espirituales, en transmisiones de energía y gurucentrismos para por fin sentir la necesidad de poseer tesoros más profundos.

Sin embargo el deseo de una autentica espiritualidad no podrá ocurrir y enraizar en una escala significativa hasta que el bypass espiritual no haya sido erradicado. Eso no es fácil porque requiere que ya dejemos de darle la espalda a nuestro dolor, que dejemos de adormecernos y tener la falsa expectativa de que la espiritualidad es algo que nos va a hacer sentir “bien”

 

El fuego de la liberación

La verdadera espiritualidad no es un estado “elevado” o “alterado”.

Estuvo bien tener un romance con aquello por un rato, pero estos tiempos nos están pidiendo algo más real, más aterrizado y más responsable. Algo más radicalmente “vivo” e integrado. Algo que nos sacuda nuestro centro y que dejemos de brincar de un lado para otro.

La autentica espiritualidad no es un pequeño parpadeo o un zumbidito de sabiduría, no es una explosión psicodélica o el quedarse flotando en un plano de conciencia alterada. No es una burbuja de inmunidad, sino un gran fuego de liberación, un santuario exquisitamente armando que nos provee a la vez con el calor y la luz necesarias para sanar y despertar.

Cuando estamos inmersos en el bypass espiritual, nos distanciamos, no solamente de nuestro dolor y nuestros asuntos difíciles sino también nos alejamos de la verdadera espiritualidad. Nos encallamos en un limbo metafísico, una zona de amabilidad exagerada, donde todo es “lindo” y superficial.

A la mayoría de nosotros nos gusta la luz, pero no estamos dispuestos a soportar el calor.

Nos gusta teorizar acerca de las fronteras de la conciencia sin realmente atrevernos a ir hacia allá. Reprimimos el calor, no queremos respirarlo.

Nos gusta exponer los ideales del amor incondicional pero no permitimos que ese amor se haga presente en esas situaciones difíciles que son todo un reto en nuestra vida personal. Hacer eso seria demasiado caliente, demasiado temeroso y demasiado fuera de control. Implicaría traer a la superficie asuntos de los que nos hemos distanciado y que hemos suprimido.

Si realmente queremos la luz no podemos permitirnos huir del calor. Como dijo Victor Frankl: “lo que da luz debe soportar ser quemado”. Y estar presente en el calor del fuego no significa solamente sentarnos con los asuntos difíciles en la meditación, sino también atrevernos a ir hacia todo aquello, darles la cara y permitirnos intimar con lo que nos da miedo, aquello que es traumático o triste o crudo.

Tuvimos toda una aventura con los caminos espirituales orientales, pero ahora es el momento de profundizar. Debemos hacerlo no solamente para llegar a intimar mas con la esencia de estas tradiciones de sabiduría, dejando a un lado dogmas y rituales, sino también para hacer un espacio a una evolución sana de estas tradiciones de tal manera que dejen de fomentar el bypass espiritual.

Estos cambios, sin embargo no van a suceder a menos que estemos decididos a trabajar más en serio y de manera integrada con nuestra dimensión física, emocional, sicológica, espiritual y social para ir generando cada vez más un sentido profundo de unidad.

De esta manera vamos a poder entrar a una vida mas integra, más profunda y amorosa. Autentica en todos los niveles. Una vida en que lo personal, lo interpersonal y lo transpersonal son honrados y vividos al máximo.

 


Robert Augustus Masters